Estoy en un pozo sin fondo, siento que caigo, y, no puedo sujetarme a las paredes, están resbalosas. Ojala hubiera alguien o algo a lo que agarrarme, pero, cada vez me hundo más, veo la luz del sol que se aleja y ¿no puedo hacer nada para evitarlo?
Pido ayuda, pero, nadie responde a mi voz desenfrenada pidiendo auxilio. Necesito que alguien me escuche gritar, pero, por desgracia, parece no haber nadie. ¡Ayúdenme, me caigo, me voy a matar! – Pensando para mis adentros - , ¡Por favor!
La luz del sol alumbra mis hombros, mi cara... ¡Me hundo, por favor ayuda!, al fin oigo voces en la lejanía... yo grito y no paro de gritar, ¡Auxilio, socorro que me hundo!, parecen voces extrañas como si hablasen de algo muy importante, ¡¿Alguien me está oyendo?! – Exclamo eufóricamente - , pero, las voces, se van alejando cada vez más, hasta que me vuelvo a quedar sola.
¿Quién va a venir?, ¿Cuándo van a venir?, ¿Y si no viene nadie que hago? - , ¡Sí!, ¡Alguien viene!, ¿Quién viene?, son tres hombres y una mujer, parecen extranjeros.
¿Me podéis ayudar?, ¡Por favor, sacadme de ese pozo!
Al fin me ayudan, me tiran cuerdas hechas de un material extraño, pero, no puedo sujetarlas con fuerza, tengo frío, sed, hambre... estoy muy débil.
Al fin, todo y la debilidad que conllevó a mi fracaso, consigo salir del pozo, pero, aún estoy muy débil para andar, no tengo fuerzas. Me llevan a lo que antes había sido un casino, ahora, hay tan sólo, cuatro paredes con un sofá-cama, me tumbo allí para dormir un rato. Al cabo de unas tres horas de dormir, en aquél sofá tan incómodo y duro, me dan un poco de agua. ¿Qué querrán de mi?, ¿Me harán daño?... ¡Quiero más agua!, un hombre con la camiseta mojada de sudor me dice que no con la cabeza; ¿Porqué no?, ¿A caso no ves que estoy sedienta?, ¡Por favor! - ¡NO! – exclama uno con firmeza.
¿Qué queréis de mi?, ¿Porqué me habéis salvado la vida si me negáis el agua? - ¡Cállate!, la mujer ya no estaba en la habitación, sólo quedábamos yo y aquellos extraños hombres. ¿Me haréis daño? – Queremos que nos digas dónde está el tesoro.
Os lo diré, pero, ¡Por favor, dadme más agua!, al fin, al cabo de rato de pedirla, me la ceden.
Cuándo estoy a punto de reventar por el agua, me intento escapar, me pillan, me cogen y me pegan.
De nuevo parece haber venido la tranquilidad, cuándo, de repente, me cogen por un brazo y tiran de mí con fuerza. ¿Me haréis daño? – Pregunto con lagrimas en los ojos - , me están llevando de nuevo al pozo. Me temo que mi vida acabara aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario