A
los seis años escasos Gema empezó a ir sola algunos fin de semana
en casa de su tía Genisa; la hermana de su abuelo Martí.
En
Breda conoció algunas amigas, amigos y vecinos de su tía; la gran
mayoría personas mayores.
Genisa
y Gema junto a su espíritu aventurero, iban a pasear siempre e iban
a ver los corderos de una finca no muy lejana.
Como
su tío Joaquim hacía años que había fallecido siempre iban a
verle al cementerio.
Las
visitas al cementerio eran muy frecuentes, tal que así Gema ya pedía
para ir. La verdad es que Genisa le enseñó unos valores un tanto
extraños; robar flores de lápidas ajenas, coger cosas del
contenedor, etc.
En
una de las tantas fiestas de Breda, Gema debía tener unos siete u
ocho años cuando en un descuido se fue de dónde estaba su familia y
se perdió.
Ella
siempre ha tenido muy buena memoria visual; porqué su terrible
experiencia de su pérdida en Breda la traumatizó de por vida.
Gema,
sin agua y sin sus padres fue en una tienda de cerámica en busca de
ayuda; solo tuvo que decir que era la sobrina de Genisa y enseguida
llamaron; la fue a buscar su primo Albert con su coche rojo.